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Iceberg



 

Texto original publicado en el Kakoto el 1º de Octubre de 2007, rescatado por su escaso valor histórico.

Si una roca de hielo flotante ves acercarse
y crees que todos van a ahogarse
grita duro "ahí viene un iceberg!"
y como no sé que rima con iceberg
después llamarás al capitán
y también al timonel
y como verás que están
dormidos a granel
deberás despertarlos
y sin asustarlos
diles que se van a estrellar
contra un cubo gigante de hielo
que flota a la deriva en el mar
el capitán sin dudar un instante
y con nervios de acero
sin que se le mueva siquiera el pelo
pedirá que nadie se vaya a cagar
porque un pedazo gigante
de agua congelada con esmero
por el frío clima del ártico
contra el barco se va a estrellar
que todos aborden los botes
y que de insumos traigan los potes
y así la tripulación obediente
ponen a reguardo a la gente
mujeres, niños y hombres
y cuando cuentan los nombres
es menor de botes el numero
que de pasajeros y carga
así que un gentío se amarga
por que dicen "yo hasta aquí llego"
cuando el barco al final se hunde
y se congela la muchedumbre
unos gritan, otros se ahogan
pero al final de este peo
pandemónium, desastre
los que en los botes subirse logran
se salvan y pasan el lastre
y así los barquitos colapsan
y luego algunos, locos, se lanzan
para salvar a su gente
días después, entre la muerte
llega el rescate, y al final de la muerte a mansalva
te das cuenta que el protagonista no se salva.


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Ritmo



 

 

clock2

 

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

No me deja dormir. Lo detesto con todas mis fuerzas. Me distrae de mis pensamientos y me recuerda que el tiempo pasa, y que no puedo descansar si estoy despierto. El terrible sonido me persigue dentro de mi cabeza, por los pasillos, en mi escritorio, en mi cama, por todas partes.

Nunca termina, nunca pausa, nunca descansa. Y tampoco yo.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

¿Qué hora es? Siento como si no hubiese dormido en una década, pero aún así no puedo dormir. Cada segundo que pasa es eterno. Pero la somnolencia no es suficientemente poderosa para hacerme dejar de oírlo. Tengo que hacer algo, hoy mismo. Siempre es igual, paso noches enteras divagando, contemplando, pensando en cómo hacer que se detenga, tramando un plan maestro que me permitirá hacerlo callar. El maldito sonido inhibe mi sueño y mis pensamientos.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

Es medianoche. Entra un frío terrible por la ventana, me levanto a cerrarla. Contemplo la luna, blanca, serena, apacible. Seguramente duerme. La luna duerme, pero yo no. Calzándome, me recuesto de un sillón viejo y agradable. Cruzo los dedos frente a la cara, apoyando los codos en los brazos del sillón. Las siluetas de mi habitación, en las penumbras de la noche, forman rostros horribles, figuras retorcidas, cosas sin nombre. Pareciese que allí hay una cara que me observa, pero solo son unas arrugas en la alfombra, nada que temer. Lo único que puede causarme horror, es el maldito sonido.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

Lo escucho. Me concentro en él y lo internalizo. Cada vez que suena me recuerda que pasa el tiempo, que la vida continúa inexorablemente hacia su fin. Enciendo una lámpara, tomo mi bata, ato el cinto y voy abajo. Afuera ha empezado a llover. Al mirar por la ventana las negras siluetas de la ciudad, de sus edificios, plazas, torres y monumentos, no puedo sino envidiar a aquellos que descansan. Porque para mí no hay paz, solo la interminable tortura que me persigue día a día y todas las noches.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

Ya no lo soporto. He de terminar con esto de una vez. Lo destruiré. Haré que pague, y al fin podré descansar. Lo odio. ¡Maldito! ¡Maldito seas, hasta hoy te escucharé! –grito en la oscuridad y el vacío. Voy a la cocina, llevando mi lámpara. Tomo del mesón un cuchillo, y vuelvo a mi habitación. Estoy decidido a terminarlo de una vez.

Tic, tac, tic, tac, tic, tic, tac, tic, tac.

De pie sobre mi cama, miro a la Luna, miro a la ciudad, miro hacia el cielo nublado, la brisa que mueve los árboles y la lluvia que ahora a empezado a caer mucho más fuerte. Escucho el ulular del viento.

Tic, tac, tic, tac, tic, tic, tac, tic, tac, tac, tic, tac.

¡Éste es tu fin! –exclamo con el cuchillo contra mi pecho. Me lanzo hacia la cama y se clava en un solo movimiento, recto, perfecto.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac.

Tic, tac, tic… tac… tic… tac…

Tic…

tac…

tic…

Al fin podré descansar.


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Violencia



Golpéame, fuerte con un martillo,
moja mi carne y mi ropa con gasolina
y enciende el conjunto con un cerillo.
Electrocútame en agua en una gran tina,
estalla mis piernas con una mina,
y tritura mi cuerpo con un hacha.
Hazme lucir una terrible facha.

Rompe mis huesos, desgarra mis músculos.
Coloca venenos en mi agua y alimento,
y provócame dolores mayúsculos.
Dime vilmente: "Te va doler, no te miento"
y sigue hasta quedarte sin aliento.
Aséstame, rápido, una tras otra
mil puñaladas en la carne rota.

Asfíxiame, quítame el vital gas,
ahógame, bajo el oscuro y frío mar.
Todo aquello de lo que eres capaz,
hazlo con astucia, e impídeme escapar.
Por la espalda procede a engarfiar,
deja correr, fluida, la sangre roja,
no sientas jamás ninguna congoja.

De hipotermia, de sed o inanición,
mátame lento, despacio, no desesperes.
Sácame los ojos y la visión,
entre las sombras podré ver quien eres.
Las armas no te serán menesteres,
Libera tus bestias, que me devoren,
envía a los lobos, ¡que no demoren!

¡Córtame! raja mi rostro y mi ser,
desfigura, tritura, corrompe y profana,
Tortura, quítame todo placer,
Elimina mi existencia, mísera y vana.
No olvides en mí ni una parte sana.
¡Dispara, vamos, fuego a discreción!
Ya estoy en la mesa, haz la disección.
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